Matrimonio católico, matrimonio exitoso
Introducción al tema
El matrimonio tiene su origen en Dios, quien al crear al hombre lo hizo una persona que necesita abrirse a los demás, con una necesidad de comunicarse y que necesita compañía. No está bien que el hombre esté solo, hagámosle una compañera semejante a él. (Gen 2,18)
El matrimonio no es efecto de la casualidad o consecuencia de instintos naturales inconscientes. Es una sabia institución del Creador para realizar su designio de amor en la humanidad. Por medio de él, los esposos se perfeccionan, y crecen mutuamente. Colaborando con Dios en la procreación de nuevas vidas.
“Que el Señor del cielo los acompañe, tenga misericordia de ustedes y les conceda su paz.”
Jesucristo nos hace ver que el matrimonio es una llamada de Dios, es una vocación divina. El matrimonio es una comunidad de amor, camino de salvación personal y del otro. Las parejas están llamadas al amor, entre más amen, más cerca estará Dios, pues Él es AMOR. Siempre hay que dar, buscar la felicidad del otro, no la propia.
Jesús eleva la institución natural del matrimonio a la dignidad de sacramento, debido a su importancia. No se conoce el momento preciso, pero conocemos como se refería a él en varias citas bíblicas.
El matrimonio no es un contrato, sino una alianza, es decir, es un acuerdo entre dos personas libres y conscientes. Unidad de hombre y mujer. Es para toda la vida, corriendo la misma suerte los dos. Con una vida en común, llamada a amarse.
El matrimonio nos llama a la Unidad: Dios instituyó el matrimonio desde un principio, como una unión exclusiva de uno con uno. Es un amor fiel hasta la muerte.
Santa Mónica
El nombre de Mónica significa “dedicada a la oración y a la vida espiritual”. Santa Mónica es famosa por haber sido la madre de San Agustín y por haber logrado la conversión de su hijo.
Ella deseaba dedicarse a la vida de oración y soledad, pero sus padres decidieron unirla en matrimonio con un hombre llamado Patricio. Este era un buen trabajador, pero terriblemente malgeniado, y además mujeriego, jugador y sin religión ni gusto por la espiritualidad.
La hizo sufrir por 30 años y tuvo que aguantar los tremendos estallidos de ira de su marido que gritaba al menor disgusto, pero éste jamás se atrevió a levantar la mano contra ella.
Tuvieron 3 hijos: 2 varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor Agustín, la hizo sufrir por 12 años.
Patricio no era católico, y aunque criticaba el mucho rezar de su esposa y generosidad tan grande con los pobres, nunca se oponía a que ella se dedicara a estas buenas obras. Mónica rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo quien en el año 371 alcanzo la gracia de Dios, haciéndose bautizar y que lo mismo le siguió la suegra, mujer terriblemente colérica que por meterse demasiado en el hogar de su nuera le había amargado la vida a la pobre Mónica.
Cuando muere Patricio, Agustín tenía 17 años y empezaron a llegarle a Mónica noticias cada vez peores, de que el joven llevaba una vida poco santa. Tan es así que, entre sus tropiezos, Agustín se hizo socio de una secta llamada de los Maniqueos, que afirmaban que el mundo no lo había hecho Dios, sino el Diablo. Mónica que era bondadosa pero no cobarde, ni floja, al volver su hijo de vacaciones y empezar a oírle mil barbaridades contra la verdadera religión, lo echó sin más de la casa y le cerró las puertas, porque bajo su techo no quería albergar a enemigos de Dios.
En un momento, Mónica tuvo un sueño en el que se le consoló por la pérdida espiritual de su hijo; se le aseguró que su hijo volvería con ella. Cuando le conto este sueño a su hijo, este le dijo lleno de orgullo: “significa que te harás manequista”. A lo que ella respondió “En el sueño no me dijeron, mamá ira a donde su hijo, sino tu hijo volverá contigo”. Después de esto, faltaron aún 9 años para que Agustín se convirtiera. Y hoy en día es considerado como uno de los padres de la Teología Católica.
Miles de madres y de esposas se han encomendado en todos estos siglos a Santa Mónica, para que les ayude a convertir a sus esposos e hijos, y han conseguido conversiones admirables.
Leído un poco de la vida de Santa Mónica; ¿Te has identificado con alguna etapa de su vida? ¿Qué opinan acerca de su forma de resolver sus situaciones, mediante la oración y paciencia? ¿En la actualidad, podrían existir cónyuges que lleven a cabo cosas similares a Santa Mónica, para ayudar a sus parejas a acercarse a Dios? ¿Si tu cónyuge hiciera algo como Patricio, actuarías de la misma manera que Santa Mónica, cómo actuarías tú?
Actualidad
"La unidad, la indisolubilidad y la apertura a la fecundidad son esenciales al matrimonio”.
Nos dice San Pío de Pieltrecina. “Recordad que el matrimonio comporta obligaciones difíciles que sólo la gracia de Dios puede hacer felices”.
En la actualidad es común conocer parejas que viven en unión libre, parejas que de manera racional buscan prepararse hacia una relación más madura, según su filosofía, a través de la convivencia mutua sin ataduras; lo que suele llamarse “calarse” “ver si pega” y que en su mayoría al no tener ataduras o normas explicitas sobre una relación madura, real, convergen en un tipo de relación fantasiosa. De ahí que se suela saber, en algunos casos, de parejas que deciden formalizar su relación y a la primera de vuelta se encuentran separados por no ser compatibles. ¿A qué se debe esto?
Existen diversos puntos que pueden llevar a una ruptura en una relación formalizada, más cuando se ha vivido en ese tipo de relaciones como se menciona. Esto porque aun cuando se vive ya juntos, existen ciertas libertades que te brinda el ser independiente, como, por ejemplo, disponer de tu tiempo sin tomar en cuenta el tiempo del otro. Tomar decisiones sin consultar a la pareja por considerar que solo a ti te afecta. Enfrentar crisis de forma separada sin lograr fortalecer un vínculo conyugal ante la adversidad. En pocas palabras, es una especie de relación de noviazgo, con la variante de vivir juntos en la que se fortalece la independencia de cada uno por separado sin lograr una dependencia emocional saludable el uno del otro.
Algunos factores que tanto en esas relaciones como en las de matrimonios recién creados afectan son: La intolerancia, la independencia mal aplicada, la falta de limites hacia los familiares dentro de la sociedad conyugal, la situación laboral de ambos, la mala aplicación de derechos conyugales de uno hacia otro y por, sobre todo, la falta de espiritualidad y acercamiento a Dios.
Es normal ver sobre todo en las mujeres la necesidad imperante de tener una boda de ensueño, dejando el sacramento matrimonial como mero adorno a la boda social. Recordemos que la boda es un momento para los invitados, y el matrimonio es para toda la vida para los cónyuges. ¿Dónde tuvimos a Dios en nuestra boda? ¿Le dimos más importancia a lo social que a lo sacramental? ¿Podría ser que esto fuera un detonante para las crisis que pudimos haber vivido en el principio de la relación conyugal?
Lo que la psicología nos dice.
Un buen matrimonio realiza las siguientes tareas psicológicas:
- Separarse emocionalmente de la familia en la que crecieron, no al punto del distanciamiento, pero lo suficiente para que su identidad sea distinta de la de sus padres y hermanos.
- Desarrollar la unión en base a una intimidad e identidad compartida, y establecer simultáneamente límites para proteger la autonomía de cada miembro.
- Establecer una relación sexual plena y placentera y protegerla de las intromisiones del lugar de trabajo y las obligaciones familiares.
- Para las parejas con hijos, asumir el gran rol de la paternidad y absorber el impacto de la llegada de un bebé.
- Aprender a seguir trabajando para proteger la privacidad como pareja.
- Enfrentar y dominar las crisis inevitables de la vida.
- Mantener la fortaleza del vínculo conyugal ante la adversidad. El matrimonio debe ser un refugio seguro en el que la pareja sea capaz de expresar sus diferencias, enojos y conflictos.
- Usar el humor y la risa para mantener las cosas en perspectiva y evitar el aburrimiento y el aislamiento.
- Nutrir la relación y apoyarse mutuamente, satisfaciendo las necesidades de cada cónyuge en cuanto a la dependencia y ofreciendo aliento y apoyo continuo.
- Mantener vivas las primeras imágenes idealizadas y románticas de cuando se enamoraron, al tiempo que se enfrenta la realidad tal cual es, y a los cambios causados por el tiempo.
Los 7 consejos para un matrimonio católico maduro.
- El matrimonio es para amar. Amar es una decisión, no un sentimiento. Amar es donación, la medida del amor es la capacidad del sacrificio. Amar es buscar el bien del otro.
- El amor verdadero no caduca. Se mantiene fresco y dura hasta la muerte, a pesar de que toda convivencia a la larga traiga problemas. El amor, ama hoy y mañana. El capricho sólo ama hoy.
- Toda fidelidad matrimonial debe pasar por la prueba más exigente: la de la duración. La fidelidad es constancia. En la vida hay que elegir entre lo fácil o lo correcto.
- Séneca afirmó: Si quieres ser amado, ama. El verdadero amor busca en el otro no algo para disfrutar, sino alguien quien hacer feliz.
- El matrimonio, no es MARTIRmonio. Depende de ti que la vida conyugal no sea como una fortaleza sitiada, en la que, según el dicho, “los que están fuera, desearían entrar, pero los que están dentro, quisieran salir”.
- El amor matrimonial es como una fogata, se apaga si no la alimentas. Cada recuerdo es un alimento del amor. Piensa mucho y bien de tu pareja. Fíjate en sus virtudes y perdona sus defectos.
- Para perseverar en el amor hasta la muerte, vive las tres “Des”: DIOS, DIÁLOGO, DETALLES.
- Dios: “Familia que reza unida, permanece unida”
- Diálogo, para evitar que los problemas crezcan.
- Detalles: de palabra y de obra. “Qué bonito peinado” “¿Qué se te antoja comer?” “Hoy la cena la hago yo” “Nuestros hijos y yo estamos orgullosos de ti”



